CH’AN

 

Si un Maestro Ch’an (Zen), supiera que se está tratando de definir este término en conceptos… posiblemente lo primero que diría… sería que ya no es Ch’an.

Un monje le preguntó a Yue-shan: – “¿En qué piensa uno mientras hace za-zen (postura meditativa)”?- “Uno piensa en no-pensar”, respondió el Maestro. – “¿Y cómo se hace eso? preguntó el monje. – “Sin pensar” dijo el Maestro.

El Ch’an (Meditación) el Gran Aporte de Bodhidharma y posteriormente se conoció como Zen, en realidad es simple, somos nosotros los complicados

. Al despojarnos al menos por un momento de nuestras cargas de la vida diaria, eso ya es Ch’an (en la Clase de Kung Fu, debemos contemplar y tratar de no pensar).

A través de esta práctica se busca encontrar la Armonía y el Verdadero Equilibrio.

En la práctica del Arte Marcial, el Ch’an va de la mano con el Kung Fu. Si el Ch’an no está presente, tampoco el Kung Fu lo estará… al menos de la manera en que pueda realmente ser beneficioso.

Alguien dijo por ahí, que la peor enfermedad del siglo XX y del presente, es el stress. Pues bien, con la práctica del Ch’an a través del Kung Fu se logra combatir esta terrible enfermedad.

La mente si no la entrenamos, al igual que el corazón, nunca descansa. Incluso cuando dormimos trabaja a través de nuestros sueños o pesadillas, que aceleran el ritmo cardíaco y nuestra respiración consecuentemente. Debemos buscarle un recreo y tal lugar sólo existe en el campo de la Meditación.

Al combinar la Meditación con la lenta respiración, el ritmo cardíaco también se desacelera. La mente también toma su descanso inmediatamente después que le damos su recreo a través de la descarga de pensamientos del diario vivir (no pensar en problemas por ejemplo).

Cuando practicas Kung Fu, lo primero que se te sugiere es que cada vez que vengas a Clase, dejes la maleta de tus problemas en la puerta de la Escuela, ¡¡¡que no entres con ella!!! y que no te acuerdes de ella hasta que salgas de la Escuela. Pesará menos cuando te vayas… porque tú saldrás mentalmente descansado.

Problemas laborales, en el hogar, en el centro de estudios, indiferentemente cual sea… saldremos más tranquilos después de la Práctica Marcial, porque nos sentiremos más relajados. Obviamente los problemas siempre estarán ahí, pero dependerá, únicamente, de una mente más tranquila el poder encontrar la solución más acertada.

Vivimos con nuestros problemas a diario y a cada momento… y pesarán más si no los descargamos al menos por un instante, porque estaremos agotados para resistirlo.

Como buenos occidentales, ¡¡comemos pensando y hablando de nuestros problemas!! Le damos espacio a los problemas en nuestra cama. Por eso pesan tanto siempre. Al comer no debemos invitar a los problemas a la mesa, ni mucho menos a nuestro lugar de descanso. Después de comer y después de dormir, la maleta no pesara tanto como antes.

La perfección del Ch’an es por lo tanto vivir la vida diaria en forma natural y espontánea. Se debe aprender que cada instante es nuevo… fresco, nos sentiremos revitalizados y con ganas de seguir aprendiendo, NUNCA como un Maestro, sino, SIEMPRE como un Principiante… como si fuera la primera vez. Debemos de pensar que somos parte del proceso de Aprendizaje y NUNCA el origen de ese Aprendizaje (Maestro). Acá, la relación Enseñanza-Aprendizaje no debe existir, lo que debe prevalecer es una comunión estrecha de Aprendizaje-Aprendizaje. El conocimiento es recíproco y es lo que verdaderamente le da la sabiduría.

Cuando a Po-Chang se le pidió que definiera el Ch’an, dijo: “Cuando tengo hambre, como, cuando estoy cansado, duermo.”

Aunque esto suene tan simple y obvio, como muchas de las cosas en Ch’an, es de hecho una tarea sumamente difícil, ya que dedicarnos sólo a dormir en el momento de dormir, no es tarea fácil. O sólo dedicarse a comer en el momento de ingerir los alimentos, tampoco es tan sencillo… todo requiere de práctica.